Mi primera colección nació de tres cosas que ocurrieron casi a la vez: un viaje a Bangladesh por trabajo que me cambió la forma de ver mi profesión, el hartazgo de llevar dos años diseñando solo camisetas, y 65 metros de tejido que rescaté de la basura a pocos pasos de mi oficina en Madrid. Os cuento cómo se entrelazaron los tres.
Bangladesh: recuperar las ganas de hacer las cosas bien
El año pasado viajé a Bangladesh por mi trabajo como diseñadora en una empresa de retail. Lo que vi allí, y cómo lo viví durante esos días, me hizo recuperar algo que había ido perdiendo: las ganas de hacer las cosas bien. No fue un instante concreto, fue la acumulación de días lo que me devolvió una urgencia que necesitaba.
A eso se sumaba otra realidad, más cercana: la industria del comercio textil en España tampoco atraviesa su mejor momento en cuanto a condiciones, y llevaba dos años diseñando casi en exclusiva camisetas. Mi capacidad de diseñar más allá de lo básico se estaba quedando pequeña, sin ningún propósito práctico que la empujara. Quería volver a diseñar algo con estética y con más sentido.
65 metros de tejido en la basura
Por otro lado, en la zona de Madrid donde trabajo, empecé a notar una cantidad preocupante de metros de tejido tirados a la basura. Decidí rescatarlos. Al revisarlos de cerca, no pude entender cómo por una tara de apenas 15×15 centímetros se descartaba un metro entero de tela.
A nivel de empresa, es material que ya no se factura en el producto final. A nivel ético, es un derroche injustificado: ese tejido seguía teniendo todas sus posibilidades intactas. Me llevé aproximadamente 65 metros de tejido, en distintos colores y texturas.
Diseñar desde el desperdicio, sin moodboard
La colección se empezó a plantear desde ahí: desde el desperdicio y el aprovechamiento, sin partir de una paleta de color ni de un moodboard previo, algo poco habitual en un proceso de diseño. En la carrera hice mi trabajo de final de grado sobre patronaje zero waste, y seguí esa misma línea para crear los nuevos patrones, siempre con la premisa de que las prendas pudieran adaptarse al cuerpo, independientemente de la talla de quien las lleve.
Otra parte de las prendas nació de camisas que tenía guardadas, de mi padre y mías, que ya no usábamos. Unir sus prendas con las mías da a cada pieza nueva un significado que va más allá del diseño: es upcycling emocional. Decidí incluir estas piezas en la colección porque tanto el zero waste como el reciclaje de prendas son, para mí, una manera creativa y ética de seguir vistiendo sin malgastar lo que ya existe.
Con la ayuda de manos expertas
Todo este proceso fue un florecer de la energía que había ido perdiendo en la rutina: las ganas de hacer las cosas de otra manera, de construir con mis propias manos. Y no solo con las mías: me ayudaron costureras y modistas particulares que cosieron las piezas finales y me aconsejaron en varias de ellas. Fue un placer trabajar con todas: Luz, Gabriela, Lina, Diana y Yonela.
Cada uno de los looks proviene de un proceso particular de creación. Juntos marcan el inicio de una línea de trabajo en Pau Studio basada en la transformación de materiales existentes: 12 looks que presentaría poco después en la Circular Sustainable Fashion Week de Madrid, y de eso os hablo en el próximo post.
